Si tienes una cuenta en instagram habrás visto que últimamente no se habla de otra cosa; que si bots, que si ética, que si trampas, que si adelantamientos por la derecha y tal.

Te diré que no sabía lo que era un bot hasta que hace unos días empezó la revolución en instagram. Después de darle alguna vuelta (tampoco mucha porque lo he tenido más o menos claro desde el momento en que descubrí qué era eso de un bot – así, rápido, son programas que sirven para ayudarte a seguir y dejar de seguir a miles de cuentas de forma automática con la esperanza de que te sigan de vuelta y a dejar comentarios pregrabados de forma más o menos aleatoria en instagram-) he llegado a la conclusión de que me la refanfinfla. Y supongo que esta conclusión mía es por pura higiene mental, y que me la refanfinfla tanto como el resto de trampas, recursos y “herramientas” que hay circulando por ahí con el objetivo de “triunfar”. Las que hubo antes, las
que vendrán después. Ni las uso ni me sorprende que se usen y si todo el mundo hiciera lo mismo que yo -no usarlas- desaparecerían en un pis pás y a otra cosa. No me enfadan, no me siento atacada. Creo que asumen el riesgo de que les salga el tiro por la culata, les cierren la cuenta o que la gente les pille -si hacen mal uso- y se pongan colorados. Preferiría que no existieran, pero como tantas otras cosas que no me gustan. Lo que sí me ha sorprendido, como para llevarme a compartir mi humilde opinión desde aquí y mira que no suelo hacerlo nunca, son las reacciones a su uso, algunas viscerales con ataque a yugular incluidas, que he podido leer aquí y acullá, algunas de ellas, tengo que decirlo, con (bendita) rectificación incluida. He leído cosas que me han hecho dar al “dejar de seguir” en más de una ocasión en los últimos días. Y desde mi respeto a todas y cada una de las opiniones que he leído, que son muchas, quería dejar también la mía.

Demasiada intensidad para mi maltrecho zen :) 

¿Que hay trucos y trampas y quienes prefieren el camino fácil en instagram, en internet, en la vida en general?

La hemos fastidiado. Pues claro. Y lo que te rondaré morena. Pero no estoy hablando de bots…

En estos casi 9 años que llevo en el mundo 2.0. “he visto cosas que no creerías” -así, a lo Blade Runner-, gente/blogs con cientos de miles de seguidores/visitas haciendo trampas flagrantes, cuentas en instagram con decenas de miles de seguidores tomando fotos prestadas sin mencionar al autor; millones de fotos publicadas en blogs y lugares de todo tipo con la autoría “Pinterest” (esta es una de las cosas que más me alucinan, que Pinterest es una herramienta maravillosa, pero hay que hacer un par de clics o 10 ó 15 e invertir tiempo, y dar con la fuente de verdad y valorar si puedes publicar esa foto -ojito a los copyrights-, y en todo caso, si no das con ella y quieres asumir el riesgo de publicarla, al menos reconocer que no sabes de quién es y esperar a que alguien te ayude); agencias de publicidad y empresas pidiendo a blogueros y responsables de cuentas en redes sociales que no seamos transparentes – no, gracias- ; empresas invitando a la compra de seguidores en redes sociales y, lo más sorprendente, personas y marcas que los compran; he visto copias de nombres (tengo para escribir un libro) y plagios de dar vergüenza ajena; tiendas en B y spam para echarlo a gritos; he visto a gente atacar gratuitamente a otra gente, a personas sentar cátedra sin tener ni idea de qué hablaban; vulnerar la intimidad de menores contando cosas privadas suyas “sin la mayor trascendencia” (¡uy!) o publicar fotos que el sentido común hace sospechar que quizá el niño no estará contento en un futuro (ojo, muy poquitos casos y gente con la que no tengo trato; de otra forma hubiera pegado un toque); me han propuesto ofertas abusivas del estilo “escribir posts que llevan 3/4 horas de trabajo por 8€” y visto a gente que ha pasado por el aro (no juzgo pero no entiendo); he comprobado cómo se celebraban sorteos ficticios -es decir, que el ganador no existe- con el único objetivo de ganar seguidores; titulares engañosos y chispeantes que prometen y no cumplen, incluyendo blogs, revistas y webs de tirada nacional (sorry, para mí eso no es copywriting, esto es engaño y la gente no es tonta); agencias, marcas personales y empresas enviando newsletters a las que no te has suscrito, contenidos patrocinados que no quieren parecerlo y además no lo mencionan de forma explícita*; he asistido atónita al éxito de gentes con prácticas poco edificantes y he comprobado alucinada que hay personas que te llaman un domingo al teléfono móvil que tienes en la tienda (sí, mi móvil personal es mi móvil profesional, que esto tiene la dimensión que tiene) para ponerte a caldo porque algo que han leído en el blog o en una red social no les ha gustado, para pedirte el contacto de tus proveedores o para que les des consejo “del bueno” porque quieren dedicarse a lo tuyo y “tú sabes tanto” que a quién mejor van a pedirle sus mejores trucos….

Pero lo que no había visto hasta ahora en estos casi 9 años es una caza de brujas, un darse golpes en el pecho ni un echarse las manos a la cabeza como estos días de atrás con el tema de los bots.

Y me ha dado mucho que pensar porque

cualquiera de las 15/20 cosas que te cuento arriba me parecen más graves que el uso de los bots. Algunas, infinitamente más graves.

¿Por qué entonces, me pregunto, tanto revuelo?

Pues así a bote pronto, tengo la sensación que de un tiempo para acá estamos empezando a tomarnos todo esto de las redes sociales, e instagram especialmente, demasiado en serio, de una forma muy competititiva. Yo tengo, tú tienes, él tiene. Que más allá de una afición, una forma de compartir o aprender, un simple entretenimiento, o una parte ya básica del funcionamiento de un negocio 2.0, que de todo hay, es como si nuestra cuenta en instagram fuera una reencarnación virtual (si es que esto tiene algún sentido) de quiénes somos y, por tanto, de lo que valemos. Cuantos más seguidores, más valemos. ¿Estamos todos locos o qué?. Observo fascinada/preocupada cómo para alguna gente esto de instagram se ha convertido en algo muy personal, fuente de tristezas y alegrías sin fundamento objetivo, un púlpito desde el que sentar cátedra a través de comentarios en cuentas propias y ajenas (no vaya nadie a pensar distinto a mí), donde la empatía a veces brilla por su ausencia, hay codazos y los ombligos propios se miran en demasía. Y no estoy hablando de las actuales reacciones a los bots, ¿eh?, hablo de lo que voy notando en los últimos meses/años de forma general. Pero claro, luego están esas cuentas maravillosas que me gusta seguir, llenas de buen rollismo, de buen humor, de gente que suma, de todo ese talento increíble al que no llegaríamos si no existiera instagram y entonces se me olvida la otra parte. ¡Ah! Y me entristece ver que personas buenas y talentosas se sienten atacadas porque alguien decida dejar de seguirlas. Aquí, menda, siguiendo el consejo popular, se apuntó a Iconosquare para controlar esos movimientos hace ya un tiempo y desde que entré no le ví ningún sentido. Si alguien deja de seguirme ¿qué hago? ¿le escribo para decirle que por favor no lo haga? ¿dejo de seguirle yo? ¿lloro? ;D. Pues mira, me la refanfinfla también. Que no les apetezca seguir mis batallitas en instagram no quiere decir que no me quieran o pasen olímpicamente de mí exactamente igual que si me siguieran o que yo valga más o menos ¿verdad?. No es personal, es instagram.

Debo ser mayor, es un hecho, soy mayor ;), pero además tengo muy claro que hay gente con 500 ó 2.000 que se salen y gente con 200.000 que madremíadelamorhermoso. Que son cosas de algoritmos y demás varietés de seo y marketing. Que cada uno tiene una voz y que no debemos volvernos locos a intentar que nos sigan a cualquier precio.

Y en el caso de las marcas personales con fines económicos (ya seas fotógrafo, actor, músico, bloguero, gurú, tengas una tienda de clavos o vendas productos digitales), no podemos olvidar que instagram solo es una parte de una marca; que no es para tanto. Que se puede vivir sin instagram y que,

o estamos para pasarlo bien, o vale más darle al delete. Borrar cuenta**. Ciao.

Que como decimos por Asturias, esto empieza ya a dar miedín.

¿Y que por qué menciono a la ética en el título y luego no hago ni un mísera referencia al tema?. Porque estoy segura de que sabes leer entre líneas.

Acabaré diciendo que todo esto que has leído es mi opinión personal, y que viendo cómo de alterados están los ánimos, canto aquello de Aretha Franklin: R.E.S.P.E.C.T., porque aquí, como en mis cuentas de instagram, facebook o twitter todo comentario fuera de tono o insultante hacia mí o hacia cualquier otra persona es borrado de manera ipsofáctica sin remordimiento alguno. Y de esto último, si quieres, hablamos otro día :)

*Yo lo he hecho una única vez en 2.989 posts, no estoy orgullosa de ello y soy consciente de que corro un riesgo enorme de cara a quien me lee. Nadie me ha dicho ni mú, pero no hay peor juez que uno mismo. Y además no puedo afirmar que, en futuro, tras valorar pros y contras no vuelva a hacerlo, que como humana que soy tropezaré dos y doce veces en la misma piedra, pero asumiré las consecuencias si me pillan.  

** Pero bueno, yo soy esa “bruta” que borró sin temblarle el pulso la cuenta de mi antiguo blog de bodas con unos 5.000/6.000 seguidores en Facebook allá por ¿2010?, y que hoy podrían ser fácilmente 50.000 al ritmo que tuvo FB esos años. Y lo volvería a hacer, porque en ese momento había que dejar esa cuenta atrás. Y, créeme, no pasó nada. Sigo admirando a esa gente valiente que he visto cambiar de proyecto, empezar de cero, borrar lo antiguo, no atarse a ninguna cuenta. Gente  lista que no se toma demasiado en serio esto de las redes sociales y que triunfa en la vida. Ole y ole.

Fotos · Photos: Mías y publicadas en la cuenta de instagram de Vintage & Chic o en la mía personal