Roma y techos de bovedilla. O una de arañas y espejos maravillosos

La vivienda de hoy es en realidad un apartamento turístico. Y se nota en detalles como la falta de un «armario de verdad» en el dormitorio donde guardar más que las cuatro prendas que te llevarías de viaje o que la mesa del comedor/cocina no tenga un punto de luz centrado sobre ella. Para unos […]

Pequeñas historias de archivo

Bienvenid@ al nuevo Vintage & Chic · Welcome to the new V&C

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La de veces que pensé que ¡ya!, ¡por fin!… y otra vez a la casilla de inicio

No te voy a engañar. Jamás he podido presumir de ser una persona paciente; más bien todo lo contrario. Pero no sabía que con el título de madre te regalaban un gran paquete invisible lleno de paciencia que, como todo lo bueno, enseguida se acabó, consumido por el cansancio, la responsabilidad y la autoexigencia. Porque sí, a mí la paciencia me brotó por primera vez de forma espontánea con 33 años gracias a un bebé llamado Gael, a una jornada completa de trabajo fuera de casa y al resto de cosas que ya te imaginas. Para cuando Adriana nació, casi 3 años más tarde, yo ya me había diplomado en Paciencia. Aprendí a esperar -que no a perder el tiempo-, a no tirar la toalla y perseverar, a tomármelo con calma (yo, que siempre he sido pinpanfuego), tanto que incluso llegué a aguantar más de 3 años en un mismo trabajo por primera vez en mi vida :). · I can’t say I’m a patient person. At least I’d never considered myself one until my elder son, Gael, was born when I was 33. I suddenly discovered that, whether I learned to be patient or I was lost. So I did. By the time Adriana was born, almost three years later, I got my degree in Patience. I was even able to stay more than three whole years doing the same job. Unbelievable for me  :).

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Bazar Vintage & Chic: piezas con historia y mobiliario nuevo personalizable

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