Ayer me tropecé con esta oda al oro, al brillo, al dorado en todas sus variantes y tonalidades, a los lingotes relucientes.¡GOLD!! Aunque claro, viniendo con la firma Dolce & Gabbana no era de esperar nada sobrio o espartano. Eso sí, si algún día me acerco por Milán , no me quitaré mis gafas de sol ni un momento. Deslumbra de verdad
Ahora en serio, me parece un espacio distinto, atrevido, pero bastante equilibrado. Y como adoro las sillas Brno de Mies van der Rohe, que por lo que veo son las dueñas y señoras del restaurante y del bistró, pues ya me tienen ganada. Y después de echarle un vistazo a la carta, tampoco me parece tan caro, la verdad.





