Érase una vez un banco triste y abandonado al que ya nadie quería.
Un pequeño banco que en su día habría lucido bellísimo a los pies de una gran cama. Posiblemente acompañado de unos mullidos cojines. Quién sabe.

Hasta que un día alguien reparó en su belleza, es sus líneas suavemente torneadas, en el trabajo que unas manos expertas habían dejado ahí para ¿siempre? y quiso darle una segunda oportunidad. La oportunidad de cambiar de vida, de mejorar, de prosperar.
Además una amiga, una querida amiga de su restacadora necesitaba justo una pieza así para la entrada de su casa. Y pronto sería su cumpleaños
Colorín, colorado este cuento de rescate se ha acabado. Las fotos están sacadas ayer mismo en el paseo marítimo de Candás, con el mar cantábrico al fondo. La tela es el modelo Matsuyama de Gastón y Daniela que ya os había enseñado aquí


