Ayer nos tocó descargar 2 toneladas de leña. Sí, 2.000 kilos de castaño y roble que todavía me duelen en espalda y brazos. Sin embargo, tras el esfuerzo, la recompensa es tan grande como lo que muestran las fotos. Hay pocas cosas tan placenteras para mí como sentarme bien cerca de la chimenea y que el calor me tueste literalmente la cara y las manos…
