
Es que es ponértela, y oye, te sube un no se qué de no se dónde, que te entran unas ganas locas de mover la cadera y ponerte a cantar a lo Elvis de lo lindo. Y es que, aunque no lo parezca, se gasta un pedazo de tupé que pa qué. Testado científicamente esta mañana en casa a la hora del desayuno: 4 de 4 entrevistados sintieron ese escalofrío bailón. Cosas de pelucas. Oh, yeah.

Fotos: Vintage & Chic