Allá va nuestra excursión de ayer, primera aparición estelar del sol y primer día extraoficial del verano. Y sí, soy muy consciente de que estamos en primavera. Ayer pusimos rumbo a Llanes, con una primera parada obligada: que Gael y Adriana por fin conocieran una de las playas más bonitas y más especiales de Asturias: Gulpiyuri.
Después de dejar el coche aparcado con estas vistas, nos fuimos dando un paseo cortito, ni dos minutos, hasta la playa. Por cierto que una ruta de senderismo, la E-9, pasa por ella. Por lo poco que he podido ver en un rápida búsqueda por internet, la senda atraviesa prácticamente todo el litoral de Llanes y tiene una pinta estupendísima.
Lo que resulta fascinante de Gulpiyuri es que vas caminando tranquilamente por un prado verde lleno de flores y árboles y zas, te das de bruces con una pequeña playa en mitad del verde. Tal cual. Yo tuve además la suerte de descubrir Gulpiyuri hace años en una noche estrellada de verano. Supe que era una playa por el ruido del mar. Es una sensación difícil de olvidar.
La marea estaba baja, así que apenas se veía el mar que asomaba entre las rocas… pero con la pleamar se convierte en una piscina natural de agua salada.
¿Veis dónde está la gente arriba en la foto? Pues desde ahí saqué yo la que abre el post. Mirar hacia un lado y ver en primer plano una playa con gente en sus toallas y al fondo unos picos nevados, y al girarte ver la línea costera de acantilados te hace perdonarle a tu tierra de golpe todos sus pecados meteorológicos, que son muchos, variados y seguidos.










