
Hace unos días descubrí el trabajo del diseñador de producto e interiorista británico Lee Broom. Me llamó la atención una serie de lámparas colgantes de cristal, con forma de bombilla pero con los característicos dibujos de rombos tallados en el cristal de las decantadoras de whisky que todos tenemos por casa. El reportaje venía acompañado de un vídeo en el que se mostraba cómo se hacían, se hacen estas lámparas y ahí es donde realmente me rendí al concepto: simple pero efectivo y sobre todo, de marcado carácter artesanal. En además en dorado y cristal, una de esas combinaciones que me vuelven loca. Al parecer, la idea surgió precisamente de un proyecto anterior, para que el utilizó unas cuantas decantadoras de cristal antiguas, les cortó la base y creó con ellas un conjunto de lámparas de techo. Puedo imaginarme los destellos de la luz reflejándose en techo y paredes gracias a esos dibujos del cristal. ¿Y qué decir de la Crystal Bulb Shop, en Londres, con su mostrador de caoba y sus cajas de madera forrada de madera, iluminada por 200 de estas piezas y donde se muestran como si fueran frutas de cristal?



