
Últimamente mi taller parece un anuncio de Freixenet: dorado por doquier. Y es que me ha dado por ponerme a dorar como una loca todo lo que se cruza en mi camino: sillas, butacones, bancos, espejos. Un trabajo delicado y latoso, pero luego ves lo bien increíblemente bien que quedan los toques de dorado en cualquier rincón, el extra de luz, el destello perfecto, que me parece que mi fase golden girl me va a durar aún un tiempo. Aquí van algunas ideas de lo que una simple silla dorada es capaz de hacer en cualquier espacio, empezando por unas imágenes preciosas de la fotógrafa Laura Moss. Y después, momento autopromo con algunas ideas de mi propia cosecha, a la venta en el Bazar Vintage & Chic.


