Con sus 90 casi recién estrenados mi querida abuelita Primi, la tata de mis hijos, la yaya de mis sobrinos, se fue ayer por la tarde para el cielo. Y yo estoy muy triste. Mi abuela era una de esas mujeres que siempre tenía una sonrisa dibujada en su cara. Y así se fue, sin una queja, sin una palabra de más, con una sonrisa. La niña que un día fui y la mujer que ahora soy la echamos ya de menos y no se me ocurre mejor forma de echar fuera lo que siento y de rendirle mi homenaje que deciros a tod@s lo orgullosa que me siento de ser su nieta. Adiós, abuelita.