Ayer por la tarde nos acercamos a dar un paseo y a merendar en Cudillero, uno de esos pequeños puertos pesqueros que aún conservan todo el encanto de hace al menos 100 años, aunque ayer, al pasearme por la plaza del puerto tuve la sensación, con tanta terraza, tanta sombrilla, carteles con menús y camareros uniformados, de estar más bien en el sur de Francia que en el norte de España. En fin, mi consejo personal, si vais a Cudillero, es que subáis por los empinados callejones escalonados que llevan hasta el mirador de las casas superiores y disfrutéis del paisaje. Si las vistas del pueblo desde el puerto son bonitas, las que se tienen desde allá arriba son maravillosas. Y así abres el apetito antes de bajar a las terrazas del puerto a ponerte morado de buen pescado fresco y mariscos del Cantábrico.
Y cierro con mi hija Adriana haciendo de fotógrafa oficial con la 3DS. Ay, si hubiéramos tenido nosotros juguetes así cuando éramos pequeños.










