Recuerdo de mi verano alemán, allá por 1989, que lo que más me llamó la atención era que allí nadie usaba sábanas y mantas, sino una especie de «colchas rellenas de plumas» que más adelante identifiqué como edredones nórdicos. También me sorprendió que mucha gente durmiera con el colchón en el suelo. ¿En el suelo? Bueno, no exactamente, más bien sobre camas muy bajas, casi a ras del suelo, parecidos a tatamis. Esa idea me pareció brillante, pero años más tarde, al decorar el dormitorio, caí en la cuenta que lo de elegir la cama de matrimonio era cosa de dos y el toque zen lo tuve que dejar para el baño.
Es la solución perfecta para bajocubiertas y buhardillas, pero ¿por qué no también para el jardín?
1. via Alkemie 2. West Elm 3. Marcos Armstrong 4. via Camas Balinesas



