Imposible no pararse a mirarlos una y otra vez. Los cuadros de Jeremy Geddes tienen un «algo» que engancha con las archipresentes palomas y los astronautas flotando, perdidos en un mundo que no les corresponde, casi levitando. Inquietantes, fascinantes. Y qué decir del primer cuadro de la serie, esa explosión en forma de óleo sobre lienzo de 2011 titulado «A perfect Vacuum».






