Hoy quiero enseñaros el después de la vitrina de castaño antigua que os enseñaba aquí hace ya más de un mes y que seguía atravesada en mi salón desde entonces.




Bueno, aquí tenéis el antes y el después. Como veis, no es un cambio radical, y es que una vez quitados los barnices y limpios los pomos y tiradores de bronce, me di cuenta que me gustaba más así, con su veta al aire, sus marcas y sus huellas del paso del tiempo, sus imperfecciones y sus muescas. Como la vida misma. Y a pintarlo siempre estoy a tiempo más adelante. Además estaba tan bien conservado (nada de humedades, ni restos de carcoma, ni faltas ni nada de nada, que parecía que estaba pidiendo «solo» un lavado de cara.Así que lo que hice básicamente fue lo siguiente:
1. desmonté puertas, pomos y trasera.
2. quité los barnices con decapante y lana de acero fina. Una capa y otra capa. Y otra más.*
3. limpié los tiradores con decapante y les dí un barniz protector
4. eché una capa de cera natural con un trapo de algodón (no eché tapaporos, porque el poro se veía bien cerrado y porque, sinceramente, no me apetecía* ;)). Luego le saqué brillo con unas viejas medias de nylon. (*Si estamos hablando de una mesita o mesa, mejor dale un acabado que cierre el poro para evitar manchas)
5. forré los cajones, interior de puertas y baldas inferiores con papel vinílico.
6. encargué un espejo para la trasera. Todavía tiemblo al recordarlo… (arg, la silicona no es lo mío!)
7. en la base de la vitrina puse un tablón de aglomerado cortado a medida y forrado con una tela a rayas blancas y negras, marca de la casa, para darle un poco de vida.
* En otras ocasiones tengo usado ácido oxálico para aclarar la madera y quitar las manchas y zonas más oscuras, pero esta vez no me apetecía tocarlo porque estaba muy bien conservado,
Básicamente, los cambios fueron:

Y como llevo esperando la friolera de ¿toda una vida? -bueno, desde que ví la de mi amiga Carolina hace unos pocos años, vale- por una vitrina así, se me fue completamente la mano llenándola de trastos.


