Descubre este piso en Barcelona diseñado por Mengíbar Blanco y publicado en la revista El Mueble, donde los apliques dorados con motivos de espigas de Vintage&Chic aportan elegancia y estilo a la decoración.
El tremendo impacto visual de renovar la luz de tus habitaciones y cómo hacerlo con muchísimo gusto
Hay reformas que se notan a simple vista y otras que se sienten. La luz es de las segundas. Llevo años enseñándoos casas perfectas con toques de auténtico vintage, antigüedades, muebles recuperados y combinaciones de color que me enamoran, pero si hay algo que cambia por completo la percepción de una casa, más incluso que una capa de pintura o una lámpara con solera, es la cantidad de luz natural que entra por las ventanas y cómo incide en cada espacio. Y en Asturias, con nuestros cielos tan cambiantes y a menudo nublados, esto se convierte casi en una obsesión doméstica.

Por qué la luz lo cambia todo (y además lo sientes)
Un techo bañado de luz se percibe más alto, unas paredes claras la reflejan y amplían visualmente cualquier estancia, y hasta el color de un mueble o de un textil cambia sutilmente según le dé la luz natural que entra por la ventana. Es «ese je ne sais quoi» intangible que hace que te sientas a gusto sin saber muy bien porqué. Y a veces el gesto que más transforma un espacio no es solo decorativo, sino estructural, es decir, hay que hacer una mínima reforma: ampliar un vano, abrir una nueva ventana o cristalera e incluso, porqué no, sumar una luz cenital puede cambiar por completo cómo se siente una habitación. Y ahí es donde entra en juego el cerramiento elegido. Con un buen sistema, como los de Deceuninck , esa inversión se transforma en bienestar los 365 días del año, del luminoso día de San Juan al más sombrío día invernal.

Os pongo un ejemplo muy real: en mi casa, el porche era antes un espacio de paso, medio exterior, que apenas se usaba fuera algunos días de verano por las corrientes, la incomodidad del sol directo, el frío en invierno y el calor en verano. Con un cerramiento de PVC en forma de cristalera de suelo a techo se ha convertido prácticamente en una especio de invernadero genial, toda una sunroom. Ahora es la pieza preferida de la casa, un espacio luminoso y atractivo, comedor, vestíbulo, gimnasio y estudio donde tengo montado mi rincón de trabajo. El cerramiento consigue una temperatura muy agradable sin perder ni un ápice de luz. Porque cerrar bien un espacio no significa oscurecerlo: al contrario, con el cerramiento adecuado ganas una habitación entera que antes casi no existía como tal.
Pequeños gestos con grandes resultados
No hace falta acometer una reforma integral para notar la diferencia, aunque un buen ventanal no le hace daño a nadie :). Aquí tienes algunas ideas muy sencillas que me atrevo a compartir después de tantos años de observación de buenas ideas en el blog.

- Libera el alféizar. Muchas veces acumulamos plantas, marcos y objetos decorativos justo donde más luz necesitamos que entre. Un alféizar despejado, con como mucho una planta bien elegida, que ese toque natural es siempre un plus, deja pasar mucha más claridad.
- Cambia los textiles por temporada (sin volvernos locos :)). En invierno, deja pasar toda la luz posible con visillos ligeros. En verano, un textil algo más tupido o un estor te protege del sol directo sin tener que recurrir a persianas bajadas todo el día, aunque es verdad que en Gijón nos gusta disfrutar del sol todo el año, verano incluido.
- Pon un gran espejo frente o cerca de la ventana. Un espejo grande, como esta preciosidad de estilo Louis Philippe, francés y de las segunda mitad del s. XIX colocado frente al hueco de luz, refleja la claridad natural hacia el resto de la habitación y multiplica la sensación de amplitud, sin tocar nada estructural ni gastar en obra. Y eso, en espacios pequeños y al precio del metro cuadrado en grandes ciudades, es oro fino.
Post escrito en colaboración con Deceunink. Todas las opiniones son mías.
