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Arquitectura

Frank Lloyd Wright: La casa Robie. Chicago.

“No pretendo llegar a ser el mejor arquitecto que haya existido hasta ahora. Pretendo ser el mayor arquitecto que exista jamás.” 
Wright fue considerado en sus inicios principalmente como un «arquitecto de casas”, en mi opinión uno de los mejores, si no el más grande. En el año 1887 se traslada a Chicago para trabajar como delineante en el estudio de arquitectura de Adler y Sullivan.

A partir de 1892 empieza a realizar sus propios proyectos, trabajando sobre un nuevo modelo, una nueva filosofía, una planta libre con predominio de ejes horizontales y espacio fluido. Las casas se alzaban sobre zócalos de piedra, las ventanas dejaban de ser simples aberturas y las cubiertas se desarrollaban con amplios voladizos. Entre los años 1904 y 1909 realizó la serie de “Casas en la Pradera” destacando la Casa D.D. Martin (1904), Casa W.A. Glasner (1905), Casa T.P. Hardy (1905), Casa Mc Cormick (1908),…, y mi favorita, La Casa Robie (1908).
La Casa Robie no se sitúa en un ambiente rural, sino en Chicago. Wright pensaba que esta ciudad representaba el conflicto amor-odio. Se trata de un barrio periférico con abundantes zonas verdes y jardines. La parcela se sitúa en una esquina de la manzana y se desarrolla a lo largo de la calle.

La casa se sitúa sobre un zócalo ligeramente elevado. Las visuales desde el exterior se encuentran controladas mediante la opacidad de los muros.

Necesito que comprendáis el salto adelante tan importante que da la arquitectura planteada por Wright. Imaginad que por aquella época, inicios del s. XX, la geometría de las casas se reducía a simples cajas, prismas divididos en múltiples espacios interiores conectados entre sí, con cubiertas a dos aguas y pequeñas ventanas en sus fachadas.

Wright huyó de la tradición, creó un nuevo espacio fluido que nace alrededor de un elemento central, en este caso, la chimenea. El edificio crece en torno a este núcleo tanto en horizontal, como en vertical. La casa crece de dentro hacia fuera.

Los grandes aleros remarcan el paisaje y además, como en el resto de su obra, la casa se convierte en un refugio, un lugar de protección frente a las inclemencias del clima. El edificio se asemeja a un gran barco, con sus amplias cubiertas para el descanso y la contemplación.

La entrada se oculta de la vista y se esconde en un recodo de la fachada trasera. El acceso a la casa se realiza desde la acera a través de un camino por el lateral más estrecho.

La cubierta flotante parece agarrarse al eje vertical de la chimenea, sustentada sobre el vacío o sobre las ventanas alineadas de la segunda planta. Las terrazas y los pequeños muros, especialmente en los extremos, acentúan la idea de huida de la forma de la caja.

El edificio se abre al paisaje, los amplios ventanales permiten una perfecta iluminación del interior. Por otro lado, los aleros protegen de un soleamiento excesivo. Fíjate en el diseño y colocación de las lámparas del techo y !sobre todo del diseño de la lámpara de la pared!

Wright pensó en todos los detalles de la decoración interior. Diseñó las complicadas geometrías dibujadas en los techos, en las cristaleras, en el mobiliario, en las luminarias. En esta fotografía podemos ver la famosa silla Robie, muy empleada en el resto de sus obras.

Texto : José Ramón Blanco

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Archivado en Arquitectura Lifestyle
Escrito por Leticia Blanco

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