Una no es mucho de paraguas, más que nada porque una siempre olvida los paraguas. Con las varillas de los paraguas que yo he perdido en mi vida creo que hay metal suficiente para construir una torre Eiffel en Gijón. Así que al final tiro por lo rápido, práctico y barato: paraguas promocionales, paraguas enormes de esos que resulta difícil no ver y olvidar o directamente a lo Gene Kelly*, capucha, gabardina y a mojarse tocan. Pero algún día cambiaré. Algún día la neurona de los paraguas que aún dormita en mi cerebro despertará y entonces sí, entonces será el momento de pensar en hacerme con alguna de estas bellezas, empezando por los de tipo «jaula» en plástico transparente. Para poner al mal tiempo tu mejor sonrisa
Unos básicos con los que resulta difícil equivocarse: mariposas (o pájaros), flores a la inglesa (parece ser que la firma británica Cath Kidston desembarca precisamente esta semana en España en ECI) o cuadros escoceses (sin duda, mi clásico favorito).

Y cerramos con el infalible negro de la mano de la diseñadora con los paraguas más bonitos, al menos para mí, Lulu Guinness (ya os hablé de ella aquí hace tiempo). Negro, sí, pero con un twist.

