
María y su madre, María Amor, pronto abrirán una tienda para niños en el centro de Oviedo y hace unos días se acercaban hasta el Almacén para ver qué cosas encontraban allí para darle un toque especial al espacio. Entre otras cosas se fijaronen un rincón donde estaba una silla muy coqueta, pesada, antigua y de latón, pero que con el tapizado original de terciopelo marrón oscuro que llevaba no lucía apenas entre tanto color. Descartado el marrón, probamos en ella rayas, lisos, estampados y toda una gama de terciopelos hasta que ellas me sugirieron un antiguo y maravilloso resto de tela azul con unas flores bordadas que al parecer, había pertenecido a una monja y que guardaban con todo el cariño para hacer con ella algo especial. Os prometo que el bordado es que esos que te quedas un buen rato embobada mirándolo. Así que estaba claro: tenía que ser el protagonista. Decidimos que un terciopelo en la base, a contraste, podría convertir esta silla en una pieza única.


… y así por detrás


