Siempre me ha resultado fascinante oír historias de personas vinculadas a lugares. Yo soy mucho del «uno es de donde pace y no de donde nace». Me encantan esas historias en las que una persona se enamora de un lugar pero por el motivo que sea, esa idea no sale adelante y tienen que pasar lustros, decenas de años incluso, para que ese idilio acabe de cuajar. Ya os lo estaréis imaginando que la historia de esta casa es una de ellas. Su dueña, vinculada al mundo del arte, se enamoró de este lugar abierto al Pacífico durante un viaje de juventud: las islas Orcas en el estado de Washington, a dos pasos de Canadá. Tuvieron que pasar 40 años para que volviera a pisar este lugar y se diera cuenta de que, efectivamente, aquél sueño de juventud tenía sentido. Así que se compró un trozo de tierra en pleno bosque, llamó al estudio de arquitectura Gary Gladwish Architecture y, con materiales reciclados o de bajo impacto medioambiental (la madera procede de una antigua granja demolida), hizo su nuevo hogar. Esta casa-cabaña sostenible con unas vistas difíciles de igualar. Las fotos son de Will Austin











