
Siempre es una gozada visitar el Museo de Bellas Artes de Asturias. Solo le pongo un «pero»: que está en Oviedo y no en Gijón. Es broma. Cuando no tengo un plan claro para una mañana de fin de semana, cuando busco inspiración creativa o cuando necesito evadirme del mundanal ruido sin más, me acerco a la Plaza de la Catedral de Oviedo, atravieso la puerta de entrada e instantáneamente ya estoy en uno de mis lugares felices, rodeada de ARTE y de belleza. Y encima es gratuito. Y no hay masificación. Y así, casi de casualidad, hace unos días descubrí que había una expo temporal llamada «Intercambios». Bajar las escaleras y encontrarme de bruces con esa pared azul, del azul perfecto que voy a empezar a usar como fondo de las fotos en mi tienda bonita y descubrir ese espejo antiguo dorado del s. XVIII, fue muy emocionante. Antigüedades y retratos que intercambiaban miradas y reflejos. Excelente.


Así me quedé un buen rato delante del espejo. Mi amiga María del Roxo, excelente retratista, escritora y fotógrafa amateur de ojo entrenado, sacó las fotos en la que salgo yo con cara embelesada mirándolo, observando las veladuras del cristal de mercurio, el copete, el dorado al oro fino original y el diseño de canaladuras oblicuas del marco. Hace un tiempo tuve otro espejo contemporáneo de este con ese mismo diseño y ahora mismo hay varios espejos antiguos franceses esperando turno de restauración en el taller.






Solo me queda invitarte a que, si pasas por Oviedo, dediques una hora a pasearte por sus salas. Verás poco, pero seguro que entenderás de qué te hablo. En este otro post tienes más fotos de otra visita en la que fui cargando con la cámara reflex.