
Siento llegar tarde a mi cita de hoy, pero todavía tengo «resaca» de los 1.672 kilómetros, o dicho de otro modo, 15 horas y 33 minutos non-stop de conducción en solitario que me marqué entre viernes y sábado para acudir a un par de citas ineludibles. Eso sí, estoy tan contenta de haberlo hecho, por las maravillas y personas que he podido vivir/ver/conocer, que aquí estoy con un montón de fotos del primer destino de mi viaje: la peluquería The Room en la ciudad de Albacete. Cuando Rut me contactó hace ya meses para contarme la idea que tenía en la cabeza, me pareció genial. Y es que, aunque en principio The Room iba a ser una peluquería ambientada en los «salones de fumar» ingleses, cuando Ana de Escapa Arquitectura, que firma el proyecto de interiorismo puso a Rut sobre la pista de una peluquería que yo había publicado en Vintage & Chic unos días antes, el flechazo fue instantáneo, así que ambas se pusieron manos a la obra para darle este toque tan «Rut» al espacio, porque aunque la idea se basa en el diseño de la peluquería que vieron en el blog, al final el propio espacio, y los toques personales aportados por el mobiliario, la iluminación y la exposición de cuadros y arte de la pared de la entrada dan un aire único al negocio. Y si te gusta esa pared con papel pintado «decadente» mira este enlace.


Papel pintado de calaveras con terciopelo negro, paredes desgastadas en tonos ocre, un chester negro en la zona de espera, el gran mostrador lacado en negro y los toques de mobiliario vintage (antiguo, vaya), que es donde Vintage & Chic aparece en escena. Rut eligió una pareja de mesitas antiguas de color negro como mesas auxiliares en la zona de peinado y una cómoda con espejo que pintamos también de negro con el interior en rojo y que será utilizado como expositor de productos. Os puedo decir que en el rato que estuve en la peluquería como clienta ví cómo casi todos los viandantes iban parándose frente al escaparate intrigados por el mueble, un verdadero atrapa-miradas, y el chester, a ver qué había en este local recién acondicionado. Como toque final, un antiguo velador de madera y una pequeña lamparita de bronce con su pantalla de leopardo y dorado.







Y me despido con una foto de «mi niña» que ahora vive una vida con mucho estilo en The Room a más de 700 kilómetros de su vida anterior. Todas las fotos son mías.

