
Esta primera imagen guarda una sorpresa.

Apenas se ve, pero algo me dice que lo que me llevaría a vivir en un loft en altura como este, es esa gran terraza que se intuye tras las grandes cristaleras que inundan de luz natural los dos pisos de este loft en ático, una luz, por otro lado, tan necesaria por estas latitudes y para la que el omnipresente blanco es un gran aliado. Con mezcla de elementos de diseño y otros de aire industrial o rústico: lámparas, mesa, puertas correderas tipo granja, pero sobre todo esa pared hecha con antiguos listones de madera, con su puerta secreta tras la que se esconde un estudio de trabajo. Otras de las buenas ideas que ayudan a que este espacio parezca mucho mayor (mide tan solo 125 m2 en total) es la casi total falta de tabiques, la integración de la cocina en el espacio común y las barandillas de cristal.




Stone Photo via The Macnabs