
Quizá sea porque la semana pasada me la pasé «peleándome», entre otras piezas, con un antiguo tocador francés al que, por encargo de su nueva dueña, di un nuevo aspecto en un intenso color rojo con interior blanco -lo tienes justo aquí encima y al final-, o quizá porque no suelo salir de casa sin pintar mis labios de ese color pero tenía ganas de ver muebles rojos. Y es que es cierto que el rojo, el rojo intenso, bermellón, carmín, el rojo «lipstick» o rojo pasión es uno de esos colores que no pasan desapercibidos fácilmente y de los que personalmente más me gustan, para vestir y para añadir en pequeñas dosis en casa. Y mientras escribo esto, me estoy dando cuenta que creo que no hay nada rojo en mi casa, salvo las sillas del estudio. Bueno, en mi armario sí que hay.


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