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Sombreros de paja para decorar · Decorating with straw hats
Si algún día tengo una casa de vacaciones propia -me la imagino de piedra, con su porche cubierto por una parra o una buganvilla y mirando al mar, muy posiblemente, el mediterráneo-, sé que en la entrada habrá una gran colección de sombreros de paja listos para usar. Vivo en el norte, muy cerquita del mar cantábrico, con veranos de risa y lluvias frecuentes, y fijaros cómo tenemos la parte superior del armario de la entrada, llena de sombreros de paja, muchos de ellos, recuerdos de viajes pasados. Eso, por no contaros cómo está la bandeja portasombreros del perchero que está justo enfrente… Y lo mejor es que no solo están ahí para decorar y acumular polvo ¡los usamos siempre que hay ocasión!. No hay más que ver las fotos de nuestras últimas vacaciones para darse cuenta ;). · If one day I owe a summer house near the sea (Mediterranean, please), I know that the entrance will be covered by lots of straw hats hanging on the walls. Just have a look at our hallway, with these growing collection of straw hats that we purchase everytime we go on holiday, and we live in the north of Spain, where weather is not always what you expect from «sunny Spain»…





Hoy vengo a presentaros
你好. Ni Hao. Ayer me di cuenta que el taller estaba empezando a hablarme en chino, entre telas estampadas con preciosas caligrafías, perros fu turquesa y lámparas de largas barbas y bigotes. La semana pasada –konichiwa– unas presumidas geishas se habían apoderado del espacio, se colgaban del techo, iluminaban el taller. Muy señoritas ellas. Y sí, auf Viedersehen! oí claramente decir a la lámpara naranja al encerrarla en la caja que la llevaría con su prima de color verde, castiza ella, a atravesar España de norte a sur para vivir su nueva vida en Gran Canaria. Espejos que se despiden con un Adeu! y atraviesan el Océano Atlántico para descubrir el acento chileno. Diálogos surrealistas en perfecto castellano entre bancos y butacones que reclaman su dosis de atención (tenéis razón, quizá tuvieran una leve musicalidad galeguiña; es muy probable). «Quién lo diría, amigo, ese rosa y las rayas te sientan de lujo. Y mientras tú ya estás casi listo, aquí sigo yo en un rincón, esperando a que alguien decida con qué tela vestirme.» Sí. A veces oigo lámparas. Y muebles. Y no estoy loca. jajajajajajaja -risa malvada de muy, muy malvada-.*
