Hoy fuimos a recoger castañas y es que la mañana prometía y Adriana tenía que llevar algunos frutos u hojas de otoño al cole. Qué mejor que unes buenes castañes, pensamos. Pero nada más poner el coche en marcha (con el picnic listo y los cuatro dentro) se puso a llover

Así que una vez en Villaviciosa decidimos tomar el desvío que llevaba hasta Santa Eulalia de Cabranes, por un paisaje precioso y mucho más rural en el que seguro que algo encontraríamos.

Y allí, en una pequeña recta, paramos un momento el coche.

Justo al lado de un gran castaño, porque, ya se sabe, donde hay un castaño suele haber castañas. Muchas castañas, salvo que unos cuantos domingueros como tú ya se te hayan adelantado y aquello esté más arrasado que Pompeya.

En ese caso, lo mejor es admirar el paisaje -bajo la lluvia-, recoger las castañas que te encuentres tiradas por la cuneta, sacar cuatro fotos de recuerdo, y volver pitando a casa.

Y encima, no sabemos cómo, se nos coló un monstruo atrás. Bueno, en realidad dos, pero el otro mejor os lo ahorro.

Ah, por cierto, lo de los picnics al aire libre disfrutando de los mil colores del otoño está super sobrevalorado. Nada mejor que un picnic casero sentados los cuatro a la mesa de la cocina viendo la fórmula 1, con la cale puesta y viendo ganar a Fernando Alonso. Un día de ejercicio y naturaleza, como podéis comprobar. Eso sí, mañana al cole vamos con castañas. Menudos somos