


Tengo algunos amigos artistas y otros que guardan verdaderas obras de arte en sus casas. De la última categoría, mi amiga Carolina ocupa un lugar destacado. Sus viajes por el mundo han hecho que su casa sea una mezcla muy acertada de objetos de aquí y allí, con claro sabor étnico y vintage en el corazón de Cimadevilla, el barrio marinero de Gijón.Cada vez que entro en su casa y veo esta vitrina recuperada con todo el mimo por ella y su padre (más bien, por su padre, para qué engañarnos) babeo de sana envidia. Es de mediados del siglo pasado y tras la renovación luce aún más bonita: halógenos empotrados, un suave color crema que le da una luz muy especial, trasera de espejo, puertas forradas de tela y baldas de cristal, para que la cristalería y la vajilla (¿no es preciosa esa de cristal con el canto dorado?) brillen con luz propia. Arg, y yo con la mía de Ikea….