Stella tiene un jardín. Un gran jardín dividido en secciones con nombres tan sugerentes como «el jardín del compromiso», «el jardín silvestre» o «el jardín del aniversario».

Un jardín de los de verdad, lleno de sorpresas y diversión, al que no le falta ni un columpio colgado de un árbol.

Ni unos tepees, donde pasar las horas disfrutando como los indios.

tiendas colocadas estratégicamente junto al lago, para sentirte en verdadera comunión con la naturaleza. Bueno, y también una barquita de remos.
Y urnas de piedra diseminadas aquí y allá llenas a rebosar de flores.

Y fuentes y caminos empedrados que le aportan un encanto extraordinario al conjunto.

Pero la casa que «acompaña» a estos jardines tenía que tener ladrillo rojizo, ventanas blancas y una fachada adornada con una gran glicinia (ohhhh!), un caballito de juguete ¿? y un pequeño tractor. Espera ¿un tractor? ¿Aquí no debería ir un descapotable de época o quizá un superdeportivo de lujo? Estoy perdida.

Aunque claro, en otoño e invierno -es decir, los 12 meses que van de enero a diciembre por aquellas tierras- mejor ver los toros desde la barrera, calentita junto a la chimenea de leña.
Aunque más que en Inglaterra, a veces pudiéramos creer que no encontramos en Versalles.
Stella tiene además la suerte de haber dado con un hombre que le regala jardines por sus aniversarios de boda. Jar-di-nes.
¿Os imagináis un jardín en el que los caballos y los ponis galopan a sus anchas?
¿ Y las niñas juegan a ser mamás enfundadas en botas de agua en lugar de altos tacones y collares de perlas?
Pues ese es el jardín de Stella. Pero claro, Stella es una mujer afortunada y emprendedora que ha sabido sobreponerse a su apellido y dar un nuevo significado al McCartney. Y que tiene caballos, y un ¿halcón? para hacerle compañía en la merienda, y un marido que le regala jardines y, y, y…
En fin, una mujer a la que tengo la sensación de conocer un poco más (y envidiar mucho, muchísimo más) después de haber visto este reportaje fotográfico.
Pues nada, Stella, guapa, muchas gracias por enseñarnos tu paraíso personal. Todo muy rico y abundante. Por cierto, la salida era por aquí ¿verdad?. Fotos via Vogue