Cómo saber si tu silla Panton es una Vitra original o una copia: la firma, el sello bajo el asiento y las medidas exactas que debes comprobar.
Ilumina tu baño con apliques cargados de historia y personalidad

Hay algo muy especial en las lámparas antiguas en general y en los apliques de pared en particular. Esa manera sutil en la que proyectan su luz, como si quisieran contarnos historias de otras épocas y sabiendo que no hay dos piezas iguales: cada una guarda pequeñas imperfecciones, marcas del tiempo, señales de una vida anterior que solo hacen que sean aún más especiales.

Siempre he sentido una atracción especial por este tipo de lámparas. Quizá porque tienen esa capacidad de transformar cualquier rincón, de convertir una pared anónima en un punto de interés. Un aplique de latón con pátina original puede traer el encanto del París de la belle époque a tu recibidor. Uno de cerámica esmaltada bien sesentero puede darle vida a una pared vacía del dormitorio. Los de cristal tallado tienen esa forma única de jugar con la luz, de lanzar destellos incluso cuando nadie mira. Un espectáculo.

Y si hay un espacio en el que pienso que estos apliques cargados de encanto y personalidad, únicos por su edad y su manufactura quedan de lujo, es colocados a ambos lados de un espejo en un baño o aseo. De dos en dos o uno solo, como ves en algunas de las fotos.





Las cuatro fotos anteriores son de Villa Saint Saturnin. Puedes ver el post completo aquí



No dejes de visitar estos dos enlaces que te dejo a continuación con muchas más ideas.
Este para inspirarte con apliques antiguos sobre papeles pintados tipo chinoiserie,
Este para ver 14 ideas de apliques en baños y aseos

En mi tienda bonita he reunido una selección muy personal de apliques antiguos y vintage auténtico, es decir, con historia. Algunos conservan su aspecto original intacto, otros han sido ligeramente reanimados en mi taller, siempre con mimo, sin borrar su historia. Los hay para todos los estilos: más románticos, más de diseño, más art deco… pero todos con ese je ne sais quoi que solo los objetos con pasado pueden ofrecer. Porque no se trata solo de decorar, sino de dar vida a nuestros espacios con piezas que nos emocionen. Que nos hablen. Que iluminen, sí… pero que presuman de edad, ¿verdad?

