
A veces me digo que tengo que meter más contenidos originales en el blog. Que un blog debería ser un paridor continuo de historias propias -no por fuerza personales-. Eso sí, historias vistas a través del filtro personal y único de quien las cuenta. Y pienso esto porque normalmente son ese tipo de blogs, aquellos que narran historias en primera persona, los que más me enganchan. Blogs como My Marrakesh, Saidos da Concha, Anna Maria Horner, A qué saben las nubes. El Lejano Oeste o Garance Doré, en los que la totalidad de las entradas son originales e inéditas. Blogs que implican un esfuerzo muy grande en tiempo, en talento y en dedicación por parte de sus autores. Y también admiro los que saben combinar perfectamente ideas propias y ajenas, como el de Macarena Gea, El Beso, Eddie Ross, Made by Girl o Absolutely Beautiful Things. Todos ellos, como os prodréis imaginar, se hallan entre mis lecturas diarias -según publiquen- y valoro tremendamente la generosidad que muestran entrada a entrada. (Actualización agosto 2026. He quitado los enlaces porque ninguno estaba ya activo).

Hoy entono bien alto un mea culpa: tengo la sensación que a veces, más de las que me gustaría, me limito a ser simple altavoz de contenidos ajenos, en un fácil y poco inspirado copiar y pegar. Está claro, la realidad se impone y estando como está mi vida últimamente centrada en los objetos que me rodean, si mis posts tuvieran que ser exclusivamente de este género, se compondrían en un 80% en imágenes como las que hoy os traigo. Y eso al final sería un rollo tremebundo.



Así que, a modo de expiación, hoy os dejo aquí algunas fotos de esas que saco a diario a objetos antiguos, por trabajo. Por placer. Y ahora para compensaros por mi poca «originalidad» habitual. Fotos de objetos que tenían su propia historia, más o menos longeva y fructífera antes de que picaran en mi anzuelo, que pasaron por mis manos en un momento muy puntual, dejándose mimar, cuidar y en algunos casos hasta dar un buen lavado de cara, y que continuan su vida, su porvenir, en casas de personas a las que no conozco personalmente pero con las que ya he establecido un vínculo especial basado simplemente en el hilo conductor de una pieza decorativa.


